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Argentina destacada por su política humanitaria en el Día de las Migraciones


La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) puso de relieve que la Argentina está entre los "pocos países en el mundo que ofrecen una atención de salud para todos, incluidos los migrantes irregulares, según consigna el Diario Nacional de Migraciones, al conmemorarse hoy el Día Mundial.


En ocasión de conmemorarse el Día Internacional del Migrante, la OIM comunicó que “la falta de un acceso adecuado a los servicios de atención de salud para los migrantes en la mayoría de los países es una omisión de salud pública preocupante que cabe encarar urgentemente en un mundo cada vez más dependiente de la movilidad humana”.



En tal sentido, el director general del organismo, William Lacy Swing, declaró que “los migrantes que, lamentablemente, son uno de los grupos más discriminados y vulnerables de la sociedad actual” siguen siendo “prácticamente invisibles en la agenda mundial sobre la salud”.



Agregó que lo que se necesita “son declaraciones y resoluciones que se traduzcan en una acción tangible. También es necesario que se incorporen más países en la lista de quienes dan un acceso equitativo a los servicios de atención de salud para todos. Ello tiene verdaderamente un sentido humano, económico y social."



El informe de la entidad global puso de ejemplo a la Argentina dentro de las cinco naciones que garantizan la sanidad de los inmigrantes en situación irregular. Las otras son Brasil, España, Francia y Portugal.



Tras dar cuenta de que existen 214 millones de migrantes internacionales, el comunicado pone de relieve que “cada país del mundo depende de la mano de obra, competencias o conocimientos de los migrantes”.



Al respecto, Swing sostuvo que "los migrantes han demostrado, una y otra vez, la contribución positiva que aportan al desarrollo de sociedades y economías. Su exclusión de los servicios y políticas sociales no es solamente una denegación del derecho humano fundamental a la salud, sino también un afán desplazado de calmar ciertos temores y percepciones públicas en cuanto a los migrantes, que los consideran una carga para los servicios sociales. Ha llegado el momento de que los países asuman la realidad, tomen medidas y se atengan al principio al que suscriben de derecho a la salud para todos."



La inmigracion en la Argentina



El paso audaz en la promoción del cambio económico-social fue la apertura del país a la inmigración. 



La República comenzó a atraer inmigrantes a los que se les ofrecían facilidades para su incorporación al país, pero sin garantizarles la posesión de las tierras; así lo estableció la ley de colonización de 1876, que reflejaba la situación del Estado frente a la tierra pública, entregada sistemáticamente a los grandes poseedores.



El saldo inmigratorio fue de 76.000 inmigrantes en la década del 60 al 70 y de 85.000 en la década del 70 al 80. 



Sin embargo, la distribución tuvo una tendencia definida y la corriente inmigratoria se fijo preferentemente en la zona del litoral y en las grandes ciudades. Solo pequeños grupos se trasladaron al centro y al oeste del país.



Así comenzó a acentuarse intensamente la diferenciación entre el interior del país y la zona del litoral, antes contrapuestas por sus recursos económicos y ahora por diferencias demográficas y sociales. 



Para tener una idea aproximada de lo que se entiende por este “enorme flujo de inmigrantes”, tenemos que entre 18861y 1870 el país recibió 160.000 inmigrantes mientras que entre 1881 y 1890 la cantidad de inmigrantes fue de 841.000 .



Esta inmigración fue predominantemente de origen latino: español e italiano. 



La agrupación de las colectividades insinuaba la formación de grupos marginales, ajenos a los intereses tradicionales del país y orientados exclusivamente hacia la solución de los problemas individuales.



La construcción del ferrocarril creó una importantes fuente de trabajo para los inmigrantes y desencadenó un cambio radical en la economía del país. Buenos Aires fue la principal beneficiaria del nuevo desarrollo económico. La ciudad se europeizó en sus gustos y en sus modas.



Buenos aires: cosmopolita en su población , renovadora su arquitectura, cultas sus minorías y activo su puerto, la capital ponía de manifiesto todos los rasgos del cambio que operaba en el país.}



A medida que se constituía ese impreciso sector de inmigrantes e hijos de inmigrantes, la clase dirigente criolla comenzó a considerarse como una aristocracia, a hablar de su estirpe y a acrecentar los privilegios que la prosperidad le otorgaba sin mucho esfuerzo. Despreció al humilde inmigrante que venía de los países pobres de Europa, precisamente cuando se sometía sin vacilaciones a la influencia de los países europeos más ricos.



La lectura social es tan importante como otras claves de la época, porque la sociedad argentina, a través de la inmigración, se configura de otra manera, debido al flujo impresionante y casi incomparable de extranjeros que llegan y, en su mayoría, se quedan.



Emigración y retorno



Un informe de la agencia española EFE da cuenta de que decenas de miles de argentinos se habían visto obligados a salir del país entre 2000 y 2002, en plena crisis económica, en su mayoría con destino a Europa, y muchos vuelven ahora a una Argentina próspera en busca de una nueva oportunidad.



Unas 250.000 personas se fueron de Argentina "arrastradas por la crisis económica y el desempleo", explicó a Efe el sociólogo Lelio Mármora, exdirector del Instituto Nacional de Estadística y Censos.



"Fue el exilio más grande de nuestra historia", afirmó este especialista en migraciones humanas, que destacó que el fenómeno afectó particularmente a jóvenes de clase media.



"De repente, se sintieron desilusionados al encontrarse que no vivían en el país del primer mundo como los habían convencido durante los años noventa y al correrse el telón fueron a buscar ese primer mundo a otros lados", enfatizó.



Si bien tradicionalmente las migraciones de argentinos tenían como destino otros países de América Latina y EE.UU, en 2000 "se quintuplicó la emigración hacia Europa", precisó Mármora.



"Fue imposible evitar esta migración desesperada porque el fenómeno estuvo nutrido por los propios argentinos que se habían ido", apuntó la psicóloga Adriana Abba, que presidió la ONG Madres Desarraigo.



Abba señaló a Efe que fundó la organización para intentar detener "aquella avalancha irracional de gente que se tiraba al vacío, vendía todo lo que tenía en Argentina y se iba del país creyendo que viviría bien en otro lugar".



Según Lelio Mármora, a partir de 2003, cuando Argentina estrenó un inédito ciclo de nueve años consecutivos de crecimiento económico, empezó a observarse una disminución en la emigración y en los últimos años "se aprecia un creciente retorno de argentinos, e incluso una incipiente migración de españoles y estadounidenses a Argentina".



Casos



Sergio González abandonó Argentina en noviembre de 2001, con 22 años, apenas unos días antes del estallido social que derivó en la renuncia del presidente Fernando de la Rúa.



"Viví en Francia, Alemania y Austria. Si bien no tenía pasaporte comunitario, durante algunos años disfruté la posibilidad de hacer cosas en esos países que en Argentina me resultaban absolutamente prohibitivas por motivos económicos", relató a Efe.



"Soy entrenador de tenis y durante cinco años di clases y representé como jugador a los clubes en los que trabajaba, que a cambio me daban alojamiento y me pagaban un salario", indicó.



A finales de 2005, conoció a su actual esposa, también argentina, y comenzaron pensar en regresar.



"La situación de Argentina había cambiado y a ambos se nos abrieron posibilidades laborales: a ella como diseñadora gráfica y a mí como profesor de tenis. Volvimos finalmente en 2006 y pudimos desarrollarnos en nuestras actividades", apuntó en el club bonaerense que maneja junto a su padre.



Andrea Saucedo no tuvo una experiencia tan placentera cuando, junto a su marido, decidió emigrar en julio de 2002 buscando un nuevo horizonte económico.



"Nos fuimos a Miami a lo que saliera. Permanecimos como ilegales, trabajando de cualquier cosa, hasta que regularizamos nuestra situación cuando, ya separados, nos casamos con ciudadanos estadounidenses", recordó.



Andrea, de 40 años, confesó que "tomó conciencia" de su "error" tras el fallecimiento de un familiar muy cercano: "En ese momento me di cuenta de que no tenía sentido seguir en Miami".



Una vivencia similar tuvo la licenciada en Letras Claudia Fernández, quien observó lo peor de la crisis desde Madrid, donde trabajaba desde 1995 en la Universidad Antonio de Nebrija.



"En mí se dio el fenómeno inverso: me deprimió vivir la crisis desde tan lejos y allí comencé a imaginar la posibilidad de volver", explicó a Efe.



Fernández logró su objetivo a finales de 2010, de la mano de un programa del Ministerio de Ciencia y Tecnología que ha permitido regresar al país a más de 850 científicos argentinos que residían en el exterior.

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