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En tres años en Argentina no se usarán más grasas trans

Las carteras de Agricultura y Salud lanzaron una campaña para eliminar el uso de grasas trans de aquí a 2014. Estudios revelan que la ingesta diaria de 5 gramos de ellas, presentes en ciertas golosinas, panificados, margarinas, aumenta en un 25% el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
“Estamos presentando un plan con miras a producir alimentos más sanos, ya que el 60 % de la muertes en el país son a causa de enfermedades crónicas no transmisibles como las cardiovasculares, la diabetes y algunos cánceres”, indicó el viceministro de Salud, Gabriel Yedlin, durante la presentación de la campaña "Argentina 2014 libre de grasas trans".

El funcionario precisó que “esto se plasma en la regulación para la reducción de las grasas trans, que son las que generan el colesterol malo, pero también en otras políticas públicas consensuadas con el Ministerio de Agricultura, la Secretaría de Comercio, las industrias de la alimentación y las ONGs”.

El encuentro se da en el marco de la celebración del Día Mundial de la Hipertensión Arterial, y en consonancia con las estrategias de prevención y control de las enfermedades no transmisibles que viene desarrollando la cartera sanitaria nacional.

La actividad fue organizada por los Ministerios de Salud y de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y está destinada a mejorar la calidad de vida de la población mediante la reducción del consumo de este tipo de grasas.

Las grasas trans tienen efectos adversos para la salud humana: aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, de muerte súbita de origen cardíaco y de diabetes.

Su exceso tiende a adherirse y engrosar las paredes de las arterias y venas de todo el organismo, incluyendo corazón y cerebro.

Esto conlleva a la disminución del colesterol “bueno”, lo que provoca una reducción en la capacidad para regular, eliminar y reciclar el colesterol.

Estudios han revelado que la ingesta diaria de 5 gramos de grasas trans es suficiente para aumentar en un 25 % el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

“Las enfermedades crónicas no transmisibles son un flagelo en todo el mundo –contextualizó Yedlin–, a tal punto que serán tema de la asamblea de Naciones Unidas en septiembre próximo”.

El funcionario añadió que “en Argentina venimos midiendo los factores de riesgo y mejorando el Código Alimentario Argentino y, en esa línea, estamos liderando en la implementación de estas políticas a nivel regional”, manifestó.

Sobre la Campaña “Argentina 2014 Libre de Grasas Trans”, Yedlin explicó que “se trata de una estrategia que busca poner un límite razonable para una gradual reducción de las grasas en los alimentos que se producen en el país”.

Precisó que “la iniciativa fue articulada por las carteras de Salud y Agricultura, y contó con un intenso trabajo intersectorial, en el que participaron el Ministerio de Desarrollo Social, las cámaras de la industria de alimentos, universidades públicas y privadas y diversas entidades de la sociedad civil”.

A su turno, el viceministro de Agricultura, Lorenzo Basso, consideró que “eliminar las grasas trans es hacer un producto de más calidad, y nos va a permitir llegar a los países que tienen altas exigencias en esta materia”.

El funcionario indicó que “estamos hablando de 2014 como límite, pero ya hay muchas industrias en la Argentina que han dejado de utilizar grasas trans, por eso este plazo va a permitir adecuar los procesos y la tecnología para mantener la calidad de los productos sin alterarla y eliminar este factor de riesgo”.

En la actualidad, el 70 % de la industria alimenticia de la Argentina ha reemplazado las grasas trans de sus productos mediante la autorregulación, pero todavía queda un 30 % que no lo ha hecho, ya que a veces no existe otra sustancia que las reemplace.

Por lo tanto, esta iniciativa busca poner un límite de tiempo a ese pequeño porcentaje de empresas para que reemplacen las grasas trans o dejen de elaborar esos productos.

“Argentina es uno de los países que más avanzó en esta medida de regulación en la región de las Américas”, afirmó al respecto el director de Promoción y Control de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud de la Nación, Sebastián Laspiur.

No obstante, durante los últimos dos años se trabajó en un acuerdo con la industria de alimentos para reducir el contenido de grasas trans en los productos y, simultáneamente, en la elaboración de un proyecto de modificación del Código Alimentario Argentino.

La reforma establece que: “el contenido de ácidos grasos trans de producción industrial en los alimentos no debe ser mayor a: 2% del total de grasas en aceites vegetales y margarinas destinadas al consumo directo y a 5% del total de grasas en el resto de los alimentos. Estos límites no se aplican a las grasas provenientes de rumiantes, incluyendo la grasa láctea”.

A raíz de esta modificación, la campaña se propone como objetivo trabajar tanto con el consumidor como con la industria para proporcionar las herramientas necesarias y cumplir así con la normativa.

Se elaboró una “Guía de recomendaciones para Pymes”, donde se plasman las alternativas de grasas más saludables recomendadas en aplicaciones alimentarias para el reemplazo de las grasas trans.

Respecto de la comunicación al consumidor, la campaña prevé la colocación de piezas gráficas en comercios de alimentos y la difusión en medios masivos de comunicación, con el objetivo de sensibilizar y generar conciencia sobre la importancia de identificar en los rótulos de los alimentos el contenido de grasas trans.

“La alimentación inadecuada es un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares, pero es un agente posible de modificar. La eliminación de las grasas trans de los alimentos a partir de la modificación del Código Alimentario Argentino es una manera costo-efectiva de proteger la salud y prevenir enfermedades cardiovasculares, a la vez que un procedimiento factible, ya que cuenta con el consenso de la industria alimentaria”, concluyó Laspiur.

Las grasas trans 
Son grasas que se forman durante el proceso de elaboración de aceites vegetales hidrogenados.

En los últimos años éstas han sido de suma utilidad a la industria de los alimentos por contar con ciertas ventajas: mayor estabilidad durante las frituras, mayor solidez y prolongado tiempo de conservación.

Las mismas pueden estar presentes en algunos productos de panificación (como hojaldres), amasados de pastelería, copetín, galletitas, alfajores y productos de cobertura, entre otros.

Teniendo en cuenta los efectos sobre el nivel de colesterol total, del colesterol “bueno” y cifras basadas en estudios prospectivos, una reducción energética de 2% en la ingesta de grasas trans evitaría aproximadamente de 30.000 a 130.000 casos de cardiopatía isquémica cada año en América del Sur.

Estas estimaciones se fundamentan en la sustitución de las grasas trans por grasas poliinsaturadas o monoinsaturadas cis.

Las cantidades exactas y equilibradas de distintas grasas insaturadas cis dependerá de los aceites de reemplazo que se utilicen. Por ejemplo, aceite de soja no hidrogenado, aceite de colza o canola, aceites vegetales con alto contenido de ácido oleico, etc.

Algunas grasas trans pueden reemplazarse también por grasas saturadas, por ejemplo, las que contienen los aceites tropicales (como el aceite de palma, palmiste, coco) y las grasas animales.

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