MARIO ALONSO PUIGTradicionalmente se ha pensado que nuestro cerebro es la clave a la hora de expandir nuestras capacidades y hacer aflorar nuestros talentos dormidos.
La fascinación que genera en nosotros este órgano que a pesar de pesar sólo el 2% del peso total de nuestro cuerpo, consume el 25% de la energía, es innegable.
Hoy ya sabemos, que el cerebro humano una vez pasada la adolescencia, no es algo rígido e inmutable, sino que su maleabilidad es una constante a lo largo de toda nuestra vida. Sabemos que al abrirnos a nuevos conocimientos y aprendizajes, aumenta no sólo el número de conexiones entre nuestras neuronas, sino además aumenta el número de ellas. Al primer mecanismo se le llama neuroplasticidad y al segundo neurogénesis. Una nueva red neuronal tarda un promedio de 21 días en formarse y sabemos también, que células madre procedentes de las cavidades cerebrales, llamadas ventrículos, pueden emigrar a otras partes del cerebro y diferenciarse en nuevas neuronas.
Es extraordinario saber que ese órgano con cien mil millones de neuronas y cien mil billones de conexiones va a trabajar para ayudarnos a ser más inteligentes y creativos cuando nos enfrentamos a los desafíos de hoy. Sin embargo, no podemos seguir pensando que el cerebro humano muestra su mejor expresión como consecuencia de un análisis concienzudo y de una reflexión fría y racional.
Cuántas veces nos obsesionamos con el cómo resolver un problema o cómo lograr un objetivo y damos tan poca relevancia a por qué queremos resolver ese problema o por qué queremos alcanzar ese objetivo. La motivación que una persona tenga es lo que de verdad tiene el poder de abrir su intelecto y expandirlo hasta niveles insospechados. Por eso, detrás de las grandes creaciones siempre encontramos una enorme pasión. Los mejores productos de nuestro intelecto, no emanan de un estado de ánimo neutro, sino de una situación o de “desesperación” , o de profunda inspiración. De alguna manera, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.
Nuestro lóbulo prefrontal, situado detrás de la frente y encima de los ojos, es el que nos permite desvelar lo que permanecía velado. Sus conexiones con el cerebro emocional o sistema límbico son muy intensas y por eso, cuando las emociones se desbordan no pensamos con claridad. Por la misma razón, cuando estamos entusiasmados, nos concentramos y aprendemos de una manera rápida y memorable. Por eso, entiendo que siendo importante la inteligencia de una persona, no lo es menos la ilusión con la que emprende sus proyectos y sus tareas. Sólo aquellos que sienten que lo que hacen es valioso y que los demás también lo ven así, sentirán la motivación que se necesita para trabajar con la eficiencia y la eficacia con la que realmente se puede trabajar.
Es muy importante ser conscientes de que si bien la incentivación viene de fuera en forma de recompensa, valoración y agradecimiento, la motivación viene de dentro. Cada uno de nosotros sabe qué es lo que le mueve a dar de sí lo mejor y que es lo que no tiene el poder de lograrlo.
Todos nosotros tenemos en nuestro interior una especie de voz que nos habla de forma incesante. Se denomina voz egocéntrica y su poder radica en que no la oímos, sino que tan sólo la sentimos. Dicha voz opera a nivel inconsciente, proyectándose con frecuencia desde la parte del cerebro que se sitúa encima del ojo derecho.
Hay ocasiones, en las que la voz egocéntrica nos sume en la desesperanza, en la sensación de que estamos dentro de un túnel y de que no hay salida. Nos parece que cualquier intento de buscar una solución a lo que nos inquieta, resulta absurdo y por eso, ¿para qué intentarlo?.
Existe también una voz que nos llena de furia por dentro y que nos hace buscar continuamente a aquellos que son los culpables de la situación en la que nos encontramos. Cuando esos culpables los encontramos fuera, nos volvemos duros y extraordinariamente críticos. Nuestros ojos y toda nuestra expresión, reflejan la ira que sentimos hacia ciertas personas o hacia ciertos hechos. Sin embargo, cuando somos nosotros los que nos vemos como culpables, acabamos generándonos una depresión. Esta es una voz que nos hace sentir que nada de lo que hemos hecho es lo suficientemente bueno o valioso. Por eso, no hay ninguna voz que genere tanta frustración como esta voz punitiva.
Finalmente tenemos una voz que nos hace sentirnos pequeños e insignificantes frente a la enormidad del desafío que tenemos en frente. Es una voz que nos genera profundos sentimientos de inferioridad e incapacidad.
Es muy importante saber que estas voces al crear emociones tan disfuncionales, tienen la capacidad de alterar la manera en la que percibimos la realidad. Ello hace que nuestras decisiones sean inadecuadas y que nuestras conductas y acciones, lejos de solucionar el problema, lo hagan mucho mayor.
Los estudios con técnicas de neuroimagen, sobre todo con resonancia funcional magnética, nos han permitido entender lo que ocurre en nuestro cerebro cuando nos dejamos envolver por estas voces egocéntricas.
Las conversaciones negativas que tenemos con nosotros mismos, suceden en el hemisferio derecho, en una región que como hemos comentado, se sitúa sobre el ojo derecho. A partir de ahí, se activa el cíngulo anterior que es un lugar donde se generan sentimientos intensos. El cíngulo anterior activa los núcleos del miedo en las amígdalas, que están situadas en los lóbulos temporales del cerebro, las cuales a su vez activan otra estructura que se llama el hipotálamo y que es el que da la orden para que se ponga en marcha el sistema de alarma del cuerpo. La consecuencia es un cambio dramático en la química de la sangre y en el propio riego sanguíneo del cerebro. Ya no interesa pensar con claridad, analizar, ponderar y evaluar alternativas, ya que este proceso consume mucho tiempo y energía. Lo único que ahora interesa es sobrevivir y para eso sólo hay tres respuestas, atacar, huir o quedarse paralizado. Entenderá el lector que estas son muy buenas respuestas si uno se encuentra con un tigre, pero que no lo son, si alguien tiene que plantearse una nueva estrategia empresarial o participar en un proyecto de negociación.
Quiero que seamos conscientes de hasta qué punto, las conversaciones negativas que tenemos con nosotros mismos, tienen la capacidad real de bloquear nuestra inteligencia, nuestra creatividad y nuestra capacidad de aprender. Por eso es tan importante que no nos dejemos arrastrar por estas voces que nos llevan al igual que los cantos de sirena de La Odisea, a nuestra propia destrucción.
Es fundamental que no absorbamos más toxicidad, porque hay mucha que cada día nos llega. También es clave que aprendamos a dirigir nuestra atención a lo que queremos y no a lo que tememos. Cuando se enseña conducción deportiva y uno patina con el coche, se le dice que no mire hacia la pared con la que no quiere chocar, sino que lleve su atención a dónde quiere reconducir el coche.
Donde nosotros llevemos nuestra atención, van nuestras emociones y por lo tanto se hará más real para nosotros. Por eso, las personas que se enfocan en lo que temen, sólo ven obstáculos en su camino, mientras que las que se enfocan en lo que quieren, transforman esos obstáculos en escalones que les ayudan a subir hacia su objetivo.
Todos tenemos en el tronco del cerebro una estructura que se llama sistema reticular activador ascendente. Es como una especie de linterna que buscara por todas partes, aquello que de verdad nos interesa. Por eso, las mujeres cuando están embarazadas, empiezan a ver embarazadas por la calle y por eso, usted, después de leer este artículo va a encontrarse con un montón de libros que hablen sobre el cerebro. Por eso, un buen golfista, enfrentado a un obstáculo de agua, no se enfoca en evitar que la bola caiga en el agua, sino en llevarla a la bandera.
La persona que valora más las soluciones que los problemas, acabará encontrando un camino y precisamente cuando menos se lo espera. En lugar de prestar atención a lo que le dicen sus voces disfuncionales cuando comete un error, se concentra en lo que quiere lograr y de esta manera prueba una nueva alternativa. Al final, más que el intelecto que se tenga, es el carácter y la determinación que hayamos desarrollado en nosotros mismos, lo que de verdad nos llevará al éxito. El famoso cociente intelectual ha de dejar paso al cociente “agallas”, al cociente “ganas”, a ese compromiso real de levantarnos siempre una vez más de las que nos caemos. Tenemos que aprender a sustituir los “es que “, por los “hay que”. En la vida todos podemos agarrarnos a muchas excusas para no atrevernos, para no arriesgarnos, para no entrar en un mundo desconocido. Hay que ser un verdadero “héroe” para poder superar muchos de nuestros miedos. Sin embargo, sólo aquellos que se atreven a llegar suficientemente lejos, descubren qué tan lejos se puede llegar.
Etiquetas: Consultoría, Desarrollo, Organización, Talento
Compartir





























































































0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada