Cinco formas de eliminar la incompetencia

La incompetencia es una epidemia: los chicos salen del colegio escribiendo con faltas de ortografía, los empresarios creen que pueden contrariar leyes macroeconómicas y luego disimular los resultados y la vida diaria nos provee de incontables muestras de incompetencia.

Pero las raíces de la incompetencia se pueden identificar, y quien lo haga le estará haciendo un favor a la organización y a los empleados simultáneamente.

Posibles causales:
1. Usar solamente números para medir desempeño.
Si una empresa mide el éxito según número de ventas y, por ende, en las llamadas diarias que se realizan para aumentarlas, lo que puede ocurrir es que hagan llamadas aunque sepan que no van a dar frutos. Una trampa para aumentar el número aparente de intentos. La consecuencia de la evaluación diaria, entonces, motivaba trampas y no mejoraba los resultados. Si en vez de medir cantidad se tuviera en cuenta la calidad la evaluación sería inspiradora.

2. Exigir mucho a poca gente
Demasiado trabajo sobre slos hombros de una sola persona la vuelve incompetente. Las empresas deben recordar que hasta el más competente de sus mismbros puede solo con un departamento completo.

3. Esperar demasiado, demasiado pronto.
Esto vale tanto para jefes como para empleados. Ambas partes esperan desempeño instantáneo y, si eso no ocurre, se difunde el desencanto y los empleados se desilusionan. Desde gerentes que suponen que los empleados deben saberlo todo se impacientan cuando deben contestar demasiadas preguntas; esos mismos que esperaron milatros de sus nuevos empleados se vuelven sombríos cuando el progreso es lento. Comienza entonces un quiebre en la comunicación.
La solucion está en fijar objetivos escalables de desempeño.

4. Dar mayor importancia a la parte social que al desempeño. Muchas organizaciones ven afectada la calidad del trabajo debido a que los empleados sienten que sus avances laborales son menos importantes que las relaciones sociales dentro de la compañía.

5. Aceptar la mediocridad. Puede ocurrir que una persona muy prometedora llegue a una compañía y encuentre a sus compañeros perdiendo el tiempo en Facebook; se ve rodeado de un clima de poco trabajo y poca evaluación por parte de los superiores. La conclusión lógica puede ser que pronto esa persona sea una más del grupo que se divierte en Facebook. Para evitarlo hay que crear un clima de urgencia y responsabilidad en el ámbito del trabajo.

Como en muchos otros aspectos de la vida, los fracasos de las compañías se deben frecuentemente a detalles internos que nadie se preocupó por evaluar y a quien nadie prestó la más mínima importancia.

Los directivos tienen la obligación de hacer frente a este tipo de situaciones, evaluar las rutinas de trabajo de sus empresas y generar prácticas sanas y sostenibles que eliminen la incompetencia y permitan obtener los mejores resultados a partir del máximo potencial de los integrantes de la organización.

Fuente: Mercado

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